METODOLOGÍA DE ANÁLISIS DE OBRAS DE ARTE

La comprensión y valoración de una obra de arte son fruto de un acercamiento a la misma que hemos de realizar por dos vías diferentes pero complementarias.
La primera, que llamaremos intuitiva, podríamos definirla como la conmoción subjetiva, personal y difícilmente comunicable que sentimos ante el objeto artístico y nos permite aprehender su valor estético y establecer una vinculación emocional con el mismo. Se relaciona directamente con la sensibilidad del espectador, por lo que su disfrute depende del mayor o menor desarrollo de la misma y los gustos personales. Tiene un carácter directo e intuitivo.

La segunda vía, la reflexiva, es diferente. Supone un acercamiento a la obra de arte de modo racional, calmado y sin prejuicios. Se trata de una habilidad cuya adquisición requiere partir del conocimiento del lenguaje e intención del artista, así como la aplicación a su práctica de un método adecuado. Precisamente es en este segundo aspecto, la adquisición de la habilidad, en el que nos centraremos ahora, proponiendo y aplicando un método que, sin ser el único posible, pues la obra de arte es infinitamente rica en significados que pueden ser abordados desde múltiples puntos de vista, nos parece, sin embargo, adecuado para la tarea de iniciación que esta materia pretende realizar a lo largo del curso.

Nuestro método se basa en dos fases sucesivas, a las que nos referimos como:
1. Análisis.
2. Comentario.

El análisis es el estudio de las formas visibles y no visibles de los elementos que componen la obra, sus relaciones y funciones plásticas. Es una tarea precisa, rigurosa, que nos ha de permitir destacar aquellos aspectos que por su originalidad e importancia definen el estilo o una obra concreta. A través de su ejercicio se irá tomando conciencia de la gran diferencia que existe entre “adivinar” y “analizar”.

El comentario, realizado a continuación, admite un enfoque más libre. Se basa en una reflexión y razonamiento, a partir de los caracteres analizados, que permitan la relación de la obra con su contexto, comenzando por la clasificación de la misma e incidiendo en su contenido y significación, así como en las circunstancias específicas que vengan al caso. Pese a su carácter personal habrá de conservar, no obstante, un tono objetivo; los gustos personales sólo se manifestarán implícitamente, evitándose exclamaciones, admirativas o peyorativas, en que se viertan las propia s emociones.

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