EL JARDIN DE LAS DELICIAS: CREACION DEL PARAISO

En este panel nos muestra una escena del Paraíso en la que Dios entrega Eva a Adán como mujer. Es el origen del pecado de la lujuria que se desencadena en la tabla central. El Bosco reproduce la mentalidad medieval: "la culpa de Eva" en el inicio de los males de la Humanidad.
En la parte superior están representadas la Fuente de la Vida, el Árbol del Bien y del Mal (con la serpiente) y el Árbol de la Vida (un drago canario).
Están rodeados de animales, algunos en lucha entre ellos anunciando los futuros males del mundo. Se ha querido ver en ellos un significado simbólico, procedente de los bestiarios medievales. En algunos casos tal vez haya simplemente una intencionalidad burlona y desenfadada, como en el conejito, alusión al sexo femenino, situado junto a Eva.
Nos presenta una figura de Dios muy joven, convención muy frecuente en la literatura holandesa del siglo XV donde el matrimonio entre Adán y Eva es realizado por un Dios juvenil.
Como es habitual en El Bosco, el Paraíso no existe enteramente libre de al menos una prefiguración del diablo, que aparece como un foso en el primer plano, del que están emergiendo una gran variedad de criaturas. 

Cara interna del postigo izquierdo, que representa la creación de Eva, antes de comer del árbol del conocimiento, en donde ninguno de los dos se esconde de la vista de Dios. La habitual disposición (creación, pecado original, expulsión), se reduce aquí al hecho esencial, del que trae origen el pecado carnal (en cambio, para Fraenger [1947] hay una exaltación de la unión sexual a través de Cristo). También la iconografía es excepcional en pintura (pero no en las miniaturas [Tolnay, 1965]); Adán está ya despierto y el Creador le presenta a Eva: los tipos somáticos muestran una vuelta al realismo cultivado por Van Eyck.
La imagen del Creador, representado como Cristo, se relaciona con la tradición antigua [Combe, 1945 y 1957], olvidada por los del siglo XV y reanudada por El Bosco, según la cual Dios creó el mundo mediante su Verbo. En el Paraíso terrenal, construido de abajo arriba mediante planos de ritmo circular, aparecen las señales de una vitalidad antinatural en las rocas, en las plantas y en los animales de rara especie, que empiezan a devorarse mutuamente.

Al fondo, cuatro fantásticas rocas de formas geométrico-abstractas sirven de morada a los pájaros. Con respecto al cacto situado detrás de Adán y considerado el árbol de la vida, Combe recuerda el del paraíso de un grabado de Liber chronicarum de Schedel [Koberger, Nuremberg 1493]; Dvorák [1924], el de la Huida a Egipto que grabó Schongauer. La palmera con la serpiente enroscada es el árbol de la ciencia del bien y del mal [Combe (recordando también el Liber chronicarum)] es decir, de los frutos tentadores que la mujer (los sentidos) ofrece al hombre (la razón superior), según el Ornato de las bodas espirituales de Ruysbroeck.
Entre los elementos alquímicos [Combe] están el dragón de tres cabezas que sale del estanque y el huevo rocoso, mansión de cuervos. El centro exacto de la composición lo da la fuente de la vida, extraño monumento gótico flamboyant qu recuerda algunas concreciones del fondo marino, con su artilugio mineral-vegetal (para Combe, tema herético de la vida sexuada de la materia): tiene en lo alto la media luna (símbolo diabólico), en el centro del disco de la base, un ojo con una lechuza acurrucada (para Bax [1956], alusión sexual a la multiplicación de la especie; para Fraenger, el antiguo pájaro de la sabiduría, como quería el padre Sigüenza).
Según Fraenger, el disco, el ojo y la lechuza forman uno de los "puntos de concentración" usados por los místicos para situarse en estado de ascesis; además, indica como fuente del paisaje de extraña materia de gemas una edición de la Carta de Alejandro a Aristóteles, de Eusebio. Este mundo absurdo está resuelto con incomparable delicadeza de relaciones cromáticas, con la bivalencia de pensamiento y de pintura típica del Bosco, que se concreta en un continuo intercambio entre minuciosidad y síntesis, dureza y transparencia, aceptación y condena de la belleza y del horror universal.
En lo que a primera vista parece el típico Edén, asociado a la idea de paz y sosiego, con poco que observemos, ese idílico escenario se ve truncado. Varios signos de hostigamiento irrumpen, los animales se enfrentan unos a otros: un león derriba a un ciervo y se dispone a comerlo, un extraño bípedo es perseguido por un jabalí. En el estanque, las disputas entre los animales vuelven a reanudarse: un leopardo lleva en la boca un ratón, un ave devora una rana. Son señales ajenas a la paz paradisíaca que suelen interpretarse como aviso de pecado.

  • El pecado femenino se personifica en los bichejos que se arrastran por la tierra -insectos y reptiles-   o nadan por el agua -anfibios y peces-, ya que, de los Cuatro elementos -tierra, agua, fuego y aire-, la tierra y el agua, eran consideradas esencias pasivas llenas de fecundidad que, como la mujer,  reciben la semilla. 
  • El pecado masculino se representa por las alimañas que vuelan -insectos voladores, aves, murciélagos...- ya que el aire es considerado un elemento activo, asociado al fuego y opuesto a la tierra, por lo tanto, masculino.
El demonio está escondido en los estanques y las rocas que son, para El Bosco, la guarida de los espíritus malignos. Por ejemplo, en la fuente de la vida vemos una estructura entre mineral y orgánica, con un orificio por el que asoma una lechuza, un explícito símbolo de la malicia, que también aparece en El carro de heno.   Cabe la posibilidad de que este elemento arquitectónico, similar a una flecha de una catedral, en el centro del cuadro, sea un símbolo fálico, preconizador de los placeres de la carne de la tabla central. A su derecha, una roca cuya forma es el rostro oculto del Diablo,  del que surge la serpiente que se enrosca al Árbol de la fruta prohibida. Los extraños contornos de esos montes rocosos del fondo indican una posible perturbación de la pacífica convivencia.




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